Quizá yo esté equivocado y tú en lo cierto,
quizá con un esfuerzo a la verdad nos acerquemos.

Karl Popper
, filósofo y teórico de la ciencia austro-británico (1902-1994)

jueves, 29 de septiembre de 2016

Tambora, 5 de abril 1815 (1)

En ese día el volcán Tambora, situado en la isla indonesia de Sumbawa entonces parte de las Indias Orientales holandesas, protagonizó una violenta explosión que duró diez (10) días, los que van del 5 al 15 de abril.

Quizás fue la mayor erupción de la historia y lanzó a la atmósfera más de ciento sesenta kilómetros cúbicos (160 km3) de materiales, unos cien kilómetros cúbicos (100 km3) de cenizas y alrededor de cuatrocientos millones de toneladas (400 000 000 t) de gas, que subieron hasta los estratos más altos de la atmósfera.

Se estima que pudo formarse una columna de más de cuarenta y tres kilómetros (43 km) de altura.

La erupción volcánica fue tan violenta que el monte Tambora pasó de tener cuatro mil metros (4000 m) de altura, a solo dos mil ochocientos cincuenta metros (2850 m).

Les decía más arriba que, probablemente, fue el mayor estallido de una montaña volcánica en la historia, lo que puede ser, aunque no se lo puedo asegurar.

Lo que sí es seguro es que se trata de la erupción volcánica más potente registrada en los últimos veinte mil (20 000) años.

Naturalmente, ocurrió cuando la postrera era glacial que empezó hace ciento diez mil (110 000) años y tuvo su apogeo hace unos veinte mil.

Todo un sucedido geológico que tuvo unos precedentes recientes.

Precedentes sísmico y volcánicos
En realidad, el primero de la terna que les ofrezco no fue tan reciente y ni siquiera fue volcánico, aunque sus consecuencias como fenómeno natural sobre la historia y la cultura fueron relevantes.

Me refiero al terremoto de Lisboa que tuvo lugar a mediados del siglo XVIII -el 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos- y que provocó la muerte de entre sesenta y cien mil (60 000-100 000) personas.

Y es que motivos para ello no faltaron.

Al potente seísmo que tuvo lugar, en la actualidad los geólogos estiman que su magnitud pudo ser de 9 en la escala de Richter, hay que unirle los tsunamis.

Que en número de tres (3) y de entre seis y veinte metros (6-20 m), cuarenta minutos (40 min) después del terremoto tuvieron lugar engullendo el puerto y la zona del centro de la ciudad.

Y al que siguió un pavoroso incendio cuyas llamas devoraron durante cinco (5) días lo que quedaba de la ciudad.

Unos fuegos que surgieron por doquier y de forma rápida, iniciados la gran mayoría de ellos por las velas encendidas en recuerdo a los difuntos en las iglesias.

No olviden que era la festividad de Todos los Santos y había numerosas lamparillas encendidas.

Es lógico que tal cúmulo de desgracias afectara a las creencias de la sociedad europea de forma negativa y en todos los campos del saber. Desde el optimismo tan propio de la Ilustración, hasta la confiada confianza de los cristianos en su Creador.

Los restantes de la terna fueron las dos fuertes explosiones volcánicas que precedieron a la de Tambora.

Una la del monte Mayón en Filipinas un año antes, el 1 de febrero de 1814 y otra la del monte Soufrière, en la isla caribeña de Saint Vicent, de 1812. (Continuará)



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