La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Émilie du Châtelet, matemática y física francesa (1706-1749)

jueves, 15 de septiembre de 2016

Suiza, verano de 1816 (1)

La antigua Helvetia tampoco escapó a esas duras inclemencias meteorológicas y climatológicas. Es más, quizás fue el país europeo que las padeció con mayor rigor.

Tantos sus habitantes como los visitantes que allí fueron a veranear, se encontraron con el inclemente flagelo de un frío extremo, la calamidad de unas lluvias casi continuas y la capota de unas nubes oscurísimas que, durante días, ocultaron el Sol por completo.

De modo que en pleno estío se vieron obligados a recluirse durante días y días en sus alojamientos, al calor de las chimeneas y la luz de las velas encendidas.

Era la única forma de protegerse de los casi interminables e intermitentes temporales de agua y nieve.

Y la zona donde está situado el lago Lemán no fue una excepción. Por la documentación existente sabemos que allí las tormentas fueron frecuentes y violentas.

Así que eléctricos rayos debieron atravesar su oscuro cielo, iluminando con sus relámpagos la superficie del lago y ensordeciendo el ambiente con el estruendo de sus truenos.

Rayos, relámpagos y truenos. Electromagnetismo y mecánica ondulatoria en estado puro y en plena atmósfera. Vaya ambiente.

Villa Diodati
Una catástrofe climática que en las proximidades del lago, tuvo transcendentales consecuencias culturales, en este caso en el terreno literario. Y como ya adelantamos hace un tiempo, vino de la mano de un grupo de amigos que veraneaban a orillas del lago de Ginebra.

Me refiero claro a la llamada “liga del incesto”, formada por cinco personas que se establecieron en dos grupos.

De un lado el encabezado por Lord Byron y John Polidori, su médico personal que le acompañaba en calidad de amigo y profesional de la salud.

Se instalaron en Villa Diodati, un palacete porticado y rodeado de viñedos que Byron había alquilado del 10 de junio al 1 de noviembre de 1816 en Cologny, una localidad a orillas del lago Lemán.

Por cierto que se trata de la misma residencia en la que, dos siglos antes, se alojó el poeta y ensayista inglés John Milton (1608-1674), famoso por su poema épico El paraíso perdido.

Un nexo interesante a priori, pues no pasemos por alto la importancia literaria de Milton y su amplia y variada influencia en la literatura posterior.

No en vano, durante el Romanticismo, las alusiones a su obra llegaron a tener un nivel similar al de las referencias clásicas.

Algo que no se puede decir de todos los autores. No. (Continuará)



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