Admitir el evolucionismo es como creer que si dejamos en una isla un trozo de cristal y un poco de hierro, con el tiempo se convertirán en un reloj.

Isaac Bashevis Singer, escritor polaco, P. N. de 1978 en Literatura (1902-1991)

domingo, 11 de septiembre de 2016

No me llames verano, llámame estío (1)

, como les suena.

Algo parecido al estribillo de la copla No me llames Dolores, que a mediados del siglo pasado cantaba entre otras la cantante y actriz española Concha Piquer (1906-1990).

Eran otros tiempos no muy lejanos en teoría, pero que suenan a antañones en la práctica.

No me llames Dolores, llámame Lola,
que ese nombre en tus labios
sabe a amapola, sabe a amapola.
Así decía parte del estribillo. Qué cosas se cantaban en las coplas de antes.

Pero a lo que vamos. Les decía que motivado por los avances científicos y técnicos pasamos de tener cinco estaciones a tener cuatro, con la “malajá” de que se quitó la estación equivocada.

Estación equivocada
Recordemos que aquellas eran otoño, invierno, primavera, verano y estío con duraciones distintas y poco efectivas, pero que los avances en astronomía permitieron ajustar, dándoles una duración estable y casi fija.

Para ello todas se movieron unos meses en el calendario y el “verano” ocupó el período más caluroso del año, es decir el “estío”, que fue la que terminó por desaparecer, al quedar en cuatro el número de estaciones.

Y hasta donde he podido averiguar, no está claro el motivo por el que fue ella la estación astronómica eliminada de la manita.

No son pocos los expertos que apuntan a que tendría que haber sido el verano, quedando las estaciones del año como sigue: primavera, estío, otoño e invierno.

Más no fue así. Lo que no deja de ser un despropósito.

No diga verano, diga estío
Un doble despropósito bien dicho, pues lo es tanto de naturaleza etimológica como meteorológica.

No olvidemos que el término verano procede del latín ver que significa “calor suave”, es decir el tiempo que tenemos asociado a la actual estación de la primavera.

O sea que de acuerdo con sus raíces etimológicas, primavera y verano son en la práctica la misma estación.

De hecho primavera quiere decir la primera parte del verano. O sea un despropósito.

Por otro lado, llamamos verano a la estación más calurosa del año, lo que en puridad no es del todo correcto. Lo que conocemos como verano deberíamos llamarlo estío, o sea el periodo de calor sofocante que es lo que significa.

Es decir que su existencia es otro despropósito, éste meteorológico, porque su significado alude a otro período del año.

Pero qué quieren, estas cosas pasan. (Continuará)




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