El pensamiento no es más que un relámpago
en medio de una larga noche. Pero ese relámpago lo es todo.

Henri Poincaré (1854-1912)
, filósofo y científico francés.

miércoles, 8 de junio de 2016

¿Por qué digo escuchantes y no oyentes? (y 6)

(Continuación) Pero no me malinterpreten.

Vanidad digo, en el sentido de tener una alta creencia en las propias habilidades. Vanidad, como humano orgullo de quien tiene en buen concepto sus propios méritos. Vanidad, por la atracción que cree causar en los demás. Mas no voy más allá.

No me refiero por supuesto, ni al afán excesivo de ser admirado y considerado, ni a esa arrogancia o engreimiento, próximas a la soberbia. Nada más lejos de mis pensamientos.

Sin embargo...

Sí, malevo lector. Mi amigo. Nada es lo que parece.

‘Vanitas vanitatum omnia vanitas’
Antes lo llamé expresión de un humano deseo y también, incluso, una deformación profesional. Ya. Así se lo dije. Pero no crean que me engaño.

Soy ya demasiado mayor para según qué cosas, y ésta es una de ellas.

Además, desde pequeño sé que la vanidad es el comienzo de todos los pecados. Así lo afirmó en el siglo VI el papa Gregorio Magno, que fue el sexagésimo cuarto (64º) de la Iglesia católica y uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina.

Quiero con esto referirles, que de estas cosas el santo hombre sabía. Por lo que hay que tenerlo en cuenta.

Él fue quien redujo los pecados capitales a siete (7) y los catalogó como mortales. Además lo tenía meridianamente claro. La vanidad no solo era el peor de todos sino el que contiene la semilla de todo mal.

Y por si esto fuera poco, sepan que lo de la vanidad está escrito en un pasaje del Eclesiastés: ‘Vanitas vanitatum omnia vanitas’ o sea, Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Señor.

Y ya para ir cerrando la cuestión auditiva, ¿qué se dice? ¿escuchante o radio escuchante? ¿oyente o radio oyente?

¿Escuchante o radio escuchante? ¿Oyente o radio oyente?
Vayamos por parte.

En lo que respecta al binomio oyente/escuchante, antes de hoy hubiera contestado sin vacilar que, por supuesto, escuchante. Faltaba más. Sin embargo, tras lo pensado, después dicho y ahora escrito, les confieso que vacilo.

Ya no me importa tanto lo de oyente. Qué quieren. Diremos que como la alegría, la cosa auditiva va por barrios.

Pero eso sí, sin el prefijo “radio”. Con eso no comulgo. Verán por qué se lo digo de forma tan categórica.

¿Qué significa radioyente o radio escuchante? ¿Que oye o escucha la radio?

Si es así, entonces, también deberíamos decir: televisor oyente, cine oyente, teatro oyente, mitin oyente, clase oyente, padre oyente, hermano oyente, José Antonio oyente o Carlos Roque oyente, según lo que o a quién estemos oyendo.

Pero no es así ¿verdad? No. Resulta demasiado costoso.

Y no olvidemos que en el lenguaje, al igual que en el Universo, impera la ley de la economía. Esa que nos impone no gastar más de lo que sea estrictamente necesario. Una ineludible cuestión de supervivencia, sea el sistema que sea.

De modo que, independiente de cual sea el término que empleemos, oyente o escuchante, sólo alude a la acción que realiza el individuo, sin que importe ni sea necesario especificar, la fuente productora del sonido.

Pero claro, ésta sólo es mi opinión. Y qué sabré yo, se dirán ustedes.


1 comentario :

Anónimo dijo...

De quien es el cuadro de la entrada?
Enhorabuena por el blog