A partir de cierta edad hacemos como que no nos importan
las cosas que, precisamente, son las que más deseamos.

Marcel Proust
, escritor francés (1871-1922)

martes, 7 de junio de 2016

¿Por qué digo escuchantes y no oyentes? (5)

(Continuación) Dos dudas les decía, antes del inciso cultureta disciplinar, de naturalezas distintas: una psicolingüística y otra sociolingüística. Bueno pues marchando dos de dudas.

Duda psicolingüística
La primera de ellas, guarda relación a su vez con un par de hechos.

Uno. Si la acción de escuchar implica una cierta voluntad de hacerlo, entonces tenemos (tengo al menos yo) un problema ¿Cómo sabe el que está hablando por la radio si le están oyendo o escuchando? That is the question.

En realidad una cuestión de respuesta sencilla. Sencillamente no lo sabe. No lo puede saber. Luego en puridad debería emplear el término oyentes y no escuchantes.

Dos. Dicha calificación entre oyente y escuchante que realiza (realizo), es evidentemente algo subjetivo y, claro, visto así, el dilema está servido.

¿Cuánto de voluntad tiene que haber en la acción de oír, para que ésta se transforme en la de escuchar? ¿Cómo la mide, quien catalogarla debe?

No. No veo que, en este caso, sean tan simples las respuestas como antes.

Un asunto delicado a qué dudar pues, se me ha venido a la mente una situación de lo más familiar: ¿Cuánto de oír y cuánto de escuchar hay en esa persona que, durante ese delicioso duermevela que precede a la recuperación de la conciencia plena, pone la radio al amanecer?

Puede que oiga ruidos procedentes del aparato, pero es poco probable que escuche la emisión radiofónica. Entre otros motivos porque, en esos momentos, nada más lejos de su intención que poner interés en saber lo que se está diciendo.

Ya se enterará. Bastante tiene con despertarse y afrontar el día que se le viene encima.

Duda sociolingüística
Procede del campo de la Sociolingüística. Una disciplina que estudia los distintos aspectos de la sociedad que influyen en el uso de la lengua.

Me refiero entre otras a las normas culturales, el contexto en que se desenvuelven los hablantes, etcétera; y lo cierto es que en mi opinión, aporta un punto de vista de lo más interesante.

Cuando por ejemplo, perdonen la auto referencia, empleo en el programa de radio Ciencia y sevillanía el término “escuchantes”, es evidente que sólo me estoy refiriendo, y de forma expresa, a los que me prestan atención.

Y no a todos aquellos que, de una manera más o menos despreocupada, han sintonizado radiofónicamente Onda Sevilla Radio, en el 106,2 de la FM de Sevilla.

Personas que sencillamente, lo más probable que hagan sea pegar la oreja, y a ratos el oído, más o menos, según les interese tal o cual tema.

Y esta discriminatoria selección que hago, se mire por donde se mire, me parece, ahora que lo escribo para ustedes, toda una desconsideración por mi parte.

Me lo parece porque si tenemos en cuenta que la radio es un medio cálido -cálido en el sentido de que sirve para acompañarnos en diversas situaciones de la vida, mientras conducimos, estamos planchando, cocinando o escribiendo estas líneas para ustedes-, me parece les decía, mucho pedir que todo el mundo esté atento a todo lo que oye en todo momento.

Sin temor a errar pienso hay un cierto grado de vanidad, seguramente inconsciente, en quien reclama ser escuchado, valiéndose de un medio público tan potente como el radiofónico. (Continuará)



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