La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Émilie du Châtelet, matemática y física francesa (1706-1749)

lunes, 16 de mayo de 2016

Magnetófono de Mullin (1946)

(Continuación) Vayamos por parte con el título.

El de marra es un magnetofón, o sea, un magnetófono de bobina abierta. Les supongo al tanto.

Se trata de un dispositivo que mediante un procesado de señales eléctricas, permite registrar sonido en un soporte magnético que está unido a una cinta plástica.

Un registro que puede obtenerse mediante micrófonos que recogen diferentes sonidos como los de la voz humana o los de instrumentos acústicos; o bien provenientes directamente de instrumentos eléctricos como guitarras y bajos; o bien una combinación de todos ellos.

Lo que estarán conmigo, resulta de lo más práctico en todos los órdenes.

Por ejemplo la aparición del magnetofón supuso una auténtica revolución técnica en el ámbito de la radiodifusión, pues permitía, además de la captación de los sonidos, su inmediata reproducción.

Magnetofones nazis
Tanto que los magnetofones fueron empleados durante la Segunda Guerra Mundial, SGM, por las emisoras alemanas de radio.

En ellos grababan con antelación sus programas y así evitaban los inevitables errores de la transmisión en directo. Así que, visto así, se anticiparon a la práctica actual de transmisión diferida de programas.

De hecho el partido nazi utilizó el magnetofón, junto a su red de emisoras radiofónicas, como recurso técnico para difundir sus mensajes propagandísticos y, naturalmente los discursos de Hitler.

Una tecnología que pasó a manos aliadas al finalizar la SGM, que se incautaron de todo lo que encontraron. Y lo hicieron de manera oficial y también a título particular.

Uno de estos particulares fue el por aquel entonces técnico del cuerpo de señales estadounidense Jack Mullin (1913-1999). Quien ni corto ni perezoso se incautó a título personal de dos (2) magnetofones de la AEG y de cincuenta (50) carretes de grabación de Farben.

Se los envió como souvenirs a su casa en San Francisco, aunque lo tuvo que hacer poco a poco. Dado que el Ejército no permitía mandar paquetes mayores en tamaño que el de la valija común, Mullin los desmontó y necesitó de treinta y cinco (35) envíos.

Magnetofón, Mullin y 1946
Pero llegaron todos y al cabo de tres meses los había montado de nuevo.

Y empezó a trabajar con ellos, a modificarlos y a mejorarlos. Se le había ocurrido que el sistema de grabación le podía interesar a los estudios cinematográficos de Hollywood para grabar el sonido de las películas.

Pues bien, el 16 de mayo de 1946, se cumplen por tanto hoy setenta (70) años, nuestro hombre ofrecía en el Instituto de Ingenieros de Radio, actual IEEE, de San Francisco, la primera demostración pública de un magnetofón de calidad profesional, en los Estados Unidos.

Sin duda Jack Mullin fue un pionero en el campo de grabación de sonidos en cinta magnética y motivo más que suficiente para ser enrocado en un día como hoy.

Dicen que lo enterraron con un rosario y un carrete de cinta magnética. Lo que puede ser.

“Hay gente pa tó”. El Gallo, dixit.



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