El error es la regla, la verdad es el accidente del error.

George Duhamel, escritor y poeta francés (1884-1966)

lunes, 29 de febrero de 2016

Antes de la herejía de Galileo

Remontándonos a la noche de los tiempos científicos, durante siglos prevaleció en todo Occidente el paradigma cosmológico geocéntrico, desarrollado a partir de las ideas expuestas por Aristóteles (384-322 a.C.).

Quien dicho sea de paso había aceptado los axiomas de su maestro Platón (427-347 a. C.), que a su vez fue seguidor de Sócrates (470-399 a.C.), lo que no está nada mal. Digo esto por poner en contexto, y negro sobre blanco, a los tres los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia.

Que nunca está de más, por lo que vuelvo a lo que nos trae..

Cosmología geocéntrica aristotélica
Es la concepción del universo como un “cosmos”, es decir, un sistema ordenado cuyos elementos están agrupados en dos partes, el mundo sublunar y el mundo supralunar, cada uno regido por sus propias leyes.

Se trata de una época interesante en la cultura griega, pues es cuando se inicia el predominio de Alejandría sobre Atenas y con ello el surgimiento de un nuevo tipo de astrónomo.

Les hablo de un científico que desarrolla un verdadero programa de investigación y que valora la observación sistemática y cotidiana, basada en instrumentos que inventa y desarrolla ¿Les suena a actual? Pues hace ya de eso veinticinco (25) siglos.

En esta cosmología aristotélica la Luna, el Sol y las demás estrellas son cuerpos celestes, perfectos y puros, que giran alrededor de la Tierra. De nuestro planeta, claro, ¿de dónde si no?

¿O no es eso lo que nos enseña la experiencia cotidiana del día a día? ¿Acaso no “salen” y se “ponen” Sol y Luna para nosotros todos los días?

Y por otro lado, ¿no dice y bien claro la Biblia, qué es lo que se mueve en este mundo?

No, las cosas eran como eran y así permanecieron de manera oficial hasta mediados del siglo XVI.

Cosmología heliocéntrica copernicana
Cuando algo empieza a cambiar en 1543, tras la publicación de la obra De revolutionibus orbium coelestium, del canónigo Nicolás Copérnico (1473-1543). En ella se afirma que era posible explicar los movimientos planetarios mediante un nuevo método, el sistema heliocéntrico.

En realidad, Sobre el movimiento de las esferas celestiales, era un texto muy técnico en el que se proponía que era la Tierra la que se movía alrededor de un punto muy cercano al Sol, lo que implicaba que las estrellas se encontraban increíblemente distantes.

Y esta circunstancia espacial chocaba de manera frontal, y modificaba de hecho el sistema cosmológico geocentrista, que había imperado desde hacía más de dos mil (2000) años, basado en las teorías de Aristóteles.

Un mal asunto dado los inquisitoriales tiempos que corrían (recuerden las precauciones de Nicolas a la hora de publicar), aunque no tanto como pudiera parecer.

Puede sorprender a más de uno el saber que buena parte de la jerarquía católica, recibió al nuevo sistema explicitado en De revolutionibus... de manera positiva. Y es que en el fondo, tenía aspectos muy positivos.

Por ejemplo facilitaba el cálculo de las posiciones del Sol, la Luna y los planetas a efectos geográficos, astronómicos y de navegación. Algo que los profesionales del ramo agradecían. (Continuará)




1 comentario :

Julián López dijo...

me está resultando de lo más clarificador y entretenido, pero me pierdo un poco al estar repartido en tantos días. ¿podría hacer un índice de las entradas para poder leerlas en orden?