El miedo a las alturas es ilógico.
El miedo a caer, por otro lado, es prudente y evolucionista.

Dr. Sheldon Cooper, personaje de ficción de la serie The Big Bang Theory.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Mujer y Universidad en el siglo XVI (y 2)

(Continuación) Es como el cuento de la buena pipa, seguro que lo recuerdan:

- ¿Quieres que te cuento el cuento de la buna pipa? - Sí.
- Yo no digo ni que sí ni que no. Sino que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa - No.
- Yo no digo ni que no ni que sí. Sino que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa - Sí.
- Yo no digo...

Y todo y sólo por el mero hecho de pertenecer al género femenino.

Era la de la titulación una atribución universitaria, otra más, derivada del atributo masculino. Unas circunstancias que a ojos vista, perjudicaron, en general, la participación de la mujer en el desarrollo y divulgación de las ciencias.

A veces, el cambio no siempre es agradable. Y lo que es casi peor, parece eternizarse.

El veto al acceso universitario duró, casi, hasta inicios del siglo pasado que se dice pronto. Por poner unos ejemplos: en Rusia, Estados Unidos y Francia alrededor de 1868; en Austria en 1899 y en Prusia en 1999.

Hay ideas que nos anclan.

Claro que siempre hay gente que discrepa, como la poetisa renacentista Louise Labé, (1524-1566):

“Y si una de nosotras osa pasarse de la raya, hasta el punto de expresar sus pensamientos por escrito, dejad que lo haga con orgullo y no le impidáis que alcance la “gloria” que se merece. Infinitamente mayor a aquella que se ganó a fuerza de collares, anillos y moda elegante.

Por todo ello nos pertenecen, sólo porque nos hemos aprovechado de ellos, pero el honor que verdaderamente nos pertenecerá será el que obtengamos a través del estudio”.


A pesar de todos los inconvenientes sociales, masculinos como puede imaginar, desde las postrimerías de la Baja Edad Media, y muy lentamente, la actividad científica de la mujer empezó a ampliarse.

Para empezar ya no se limita al cada vez más restringido campo de la medicina. Ellas empiezan a hacerse ver en otros campos de conocimiento, como matemáticas, geología, química, astronomía, botánica y ciencias naturales.

Son las “damas de las ciencias”. Y se atreven con todo.

Aunque el mundo del hombre está lleno de dificultades para ellas, estas mujeres están resueltas a meterse de lleno en él. A ponerse a trabajar en sus problemas. Hay ideas que nos elevan.

Una de estas mujeres fue Marie Le Jars de Gournay (1565-1645). Una Hacedora de la Ciencia.






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