No me podéis expulsar ¡Yo soy el surrealismo!

Salvador Dalí
, pintor surrealista español (1904-1989)

viernes, 14 de agosto de 2015

Crucificado de Susillo (y 2)

(Continuación) O por qué no, digna de incluirse en radiofónicas y nocturnas crónicas misteriosas o del misterio, que así lo llaman ellos. Claro que para misterio el de la paradoja que conforman unos y otros.

De un lado, los supuestos arcanos de la oscuridad pseudocientífica, que tan falaces y fraudulentos resultan a la luz de la ciencia.

Y del otro, ellos. Los tales “Jiménez” y “García” de turno. Unos magufos tan evidentes como los chalecos de ‘Coronel Tapioca’ con el que se disfrazan cuando se autotitulan investigadores y salen en la tele.

Pero el caso es que por los mentideros de la corte sevillana se decía, que no fueron motivos económicos los que llevaron al escultor a tan luctuoso final.
De la mentira y la verdad de la leyenda: formas de morir 
Entonces ¿cuál fue éste?, al decir de la leyenda. Pues existe un mito según el cual el escultor, al realizar esta talla, esculpió las piernas de forma diferente. De modo que al montarlas y ver el error cometido en su ejecución, se sintió tan angustiado, y le afectó tanto, que se suicidó.

Una trágica decisión, esa de pegarse un tiro, muy de moda en esos tiempos romanticones. Era el veintidós de diciembre de 1896 y tenía tan sólo treinta y nueve (39) años.

Pero la leyenda no viene sola, sino que la acompaña una variante.

En vez de morir por arma de fuego en la vía pública, lo que nuestro escultor hizo fue ahorcarse en la soledad de su estudio. Vaya por Dios. Pero es lo que tienen las leyendas, que cada uno la cuenta como quiere, sin importarle las pruebas.

Quítate la vida para esto.

De la mentira y la verdad de la leyenda: el error de las piernas
Y con respecto al supuesto error escultórico del diseño de las piernas del crucificado, ni que decir que no existió.

Lo cierto es que la escultura fue diseñada de modo que el pie izquierdo quedara clavado en el madero vertical de la cruz (staticum) y el derecho reposara en un pequeño soporte horizontal. Nada de error por tanto en su diseño y elaboración.

Puestos a aclarar entuertos, y ya de la que va, decir que la escultura fue colocada en el cementerio en 1898, y no en 1904, como se pensaba hasta hace bien poco.

Es un año el de 1898 que coincide con un remozamiento del cementerio, que la Comisión Municipal aprobó por esas fechas y que incluía la sustitución de la vieja cruz de la glorieta. Y es el arquitecto municipal quien propone que se compre el Crucificado de Susillo para situarlo ahí.

Apoya esta hipótesis, además de la documentación pertinente, la existencia de una fotografía: La primera que se conserva del monumento ya restaurado, de 1901. Es el valor de la prueba.

Tres cuartos de lo mismo se puede decir del lugar donde fue enterrado.

De la mentira y la verdad de la leyenda: el enterramiento
La misma credulidad popular anterior habla de que, a modo de homenaje, los sevillanos lo quisieron enterrar en el centro del camposanto sevillano, bajo la imagen del Crucificado. Un hecho como veremos imposible de toda imposibilidad. Y además, por partida doble.

La primera es de naturaleza temporal. El autor murió en 1896 y su escultura no fue colocada hasta 1898, por lo que no pudo ser enterrado a sus pies al morir. Y claro, la pregunta siguiente a realizar entonces, cae por su propio peso.


¿Dónde estuvo hasta entonces?




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