El miedo a las alturas es ilógico.
El miedo a caer, por otro lado, es prudente y evolucionista.

Dr. Sheldon Cooper, personaje de ficción de la serie The Big Bang Theory.

lunes, 16 de marzo de 2015

¿Por qué unas personas son supersticiosas y otras no?


Es una buena pregunta.

Lo suficiente como para que -al menos desde el campo de la psicología, si quieren una ciencia-, se haya investigado la posibilidad de que existan determinados rasgos de carácter, que predispongan en mayor o menor medida a los hombres a sustentar estas creencias irracionales.

Pero la verdad es que no hay nada claro. De hecho los psicólogos barajan varias hipótesis posibles, de diferentes naturalezas: humanas, familiares y sociales. Veamos.

En principio, tanto de aquellas personas en las que lo afectivo priva sobre lo racional, como de aquellas otras que presentan síntomas histéricos o neuróticos, se podría pensar que son buenos candidatos para ser supersticiosos.

Unos rasgos neuróticos que se pueden manifestar de diferentes formas. Por ejemplo en la que se ha dado en llamar sotería, un síntoma opuesto a la fobia. En psiquiatría, sotería es un término asociado a un concepto terapéutico alternativo para el tratamiento de los pacientes esquizofrénicos.

Se basa de un lado, en el abandono de medidas coercitivas y la reducción drástica del uso de fármacos psicotrópicos; y del otro, en la apuesta por atmósferas familiares, el cuidado comprensivo y un entorno pobre en estímulos.

La finalidad no es otra que la de promover la distensión emocional del paciente.

Porque la sotería es una reacción ante un determinado estímulo, del que se obtiene una sensación de protección absurda e injustificada. Un estímulo que lo generan diferentes elementos sotéricos.

¿Qué son elementos sotéricos?
Para entendernos, elementos sotéricos pueden ser objetos como talismanes, amuletos, fetiches, mascotas, o acciones como tocar madera o colgar un herradura; todos ellos son elementos sotéricos.

Y la persona que lo utiliza sabe que, en realidad, no hay vínculo alguno entre el objeto y la buena suerte. Entiende que no existe una relación causa-efecto entre ellos, pero eso a él no le importa. Sencillamente se siente más tranquilo con ellos, le reconfortan. Y eso es suficiente para él.

Lo dicho un síntoma neurótico pero que, rara vez, llega a convertirse en un problema para la salud. Ni a alcanzar la intensidad de las neurosis o trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), en los que el individuo no puede evitar repetir, aun a sabiendas de su ineficacia, determinados rituales.

El TOC es un trastorno de ansiedad, como la agorafobia y la fobia social, caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas, denominadas compulsiones dirigidas a reducir la ansiedad asociada.

Automatismos como volver de forma repetida a casa para comprobar si ha dejado la puerta bien cerrada; lavarse continuamente las manos; no dejar de comprobar, una y otra vez, si el grifo está cerrado o si se ha desenchufado el calentador una vez que nos hemos acostado.

No estoy diciendo que ser supersticioso sea lo mismo, pero, podría hallarse peligrosamente cerca. Porque existen otros factores, aparte del individual, que pueden favorecer la superstición. En cualquier caso, precaución.

¿De qué factores estamos hablando?
Uno de ellos es naturaleza cultural, en realidad de su ausencia, hablo de la deficiencia cultural.

Está demostrado que los pueblos y culturas menos evolucionadas son ricos en supersticiones. Por lo general son más supersticiosos que los desarrollados, pero no lo son en exclusividad.

Y así no es infrecuente que, entre las naciones más avanzadas de nuestra cultura occidental, se detecten grupos humanos proclives a la superstición.

Otro factor determinante es el entorno más próximo, la influencia familiar. Hay evidencias de que cuando varias personas de una familia son supersticiosas, en especial los padres, son altas las probabilidades de que algún hijo continúe con esa credulidad.

De modo que, en cierta forma, se puede decir que el supersticioso nace pero que, en mayor medida, también se puede decir que se hace. Una razón más por la que, en la actualidad, y a pesar del avance de la ciencia y la cultura en general, las creencias irracionales sigan formando parte de la vida cotidiana. (Continuará)




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